Jardines zen

El jardín zen es un estilo de jardín japonés seco formado básicamente por arena, grava, piedras y, ocasionalmente, algo de hierba, como el musgo, y otros elementos de origen natural. Originariamente se utilizaban como lugar de meditación para los monjes zen japoneses, pero en los últimos años se han puesto de moda como decoración en las casas occidentales, muy al gusto del mobiliario al estilo feng shui.

En principio, son jardines destinados a la decoración, como una especie de «escenarios», por tanto, son de dimensiones reducidas, no superando los 10×30 metros. Según la interpretación más extendida, la grava representa el mar, las rocas islas (se supone que las japonesas). También, recientes estudios dicen que la disposición de las rocas en medio de este mar de grava, formaría la silueta de un árbol; esta imagen subliminal no sería percibida a primera vista, pero la sutil asociación es una de las principales características mediante la cual estos jardines tienen un carácter tan tranquilizador.

Uno mismo puede construirse un jardín zen en su propia casa, ya que sólo se requieren una serie de materiales y no se necesita una gran superficie. Lo principal es grava de color blanco, que cubrirán unos 100 metros lineales de terreno, y también siete grandes rocas que hayan estado a la intemperie y por tanto hayan sido pulidas por la acción del tiempo. Ante todo, el jardín zen debe ser sobrio y abstracto, ya que con pocos medios debe conseguirse el máximo efecto, para alcanzar la filosofía zen. Según ésta, el hombre debe vivir en armonía con el ambiente y consigo mismo, y se consigue mediante la meditación, que para alcanzar la máxima concentración debe hacerse en condiciones adecuadas, como la que ofrece este singular espacio. Además es muy fácil de mantener, puesto que no requiere cuidados, sólo dejar que el tiempo pase por él.

En Europa, los espacios verdes se caracterizan por una simetría bastante estudiada, en el caso de un jardín zen, la tranquilidad y relajación no vienen dados por la regularidad y las repeticiones, sino por una conexión directa con la naturaleza. Es por ello, que siempre se disponen elementos de número impar, que, en el caso de las grandes rocas, parecen estar colocadas de manera arbitraria, pero que como ya se indicó antes, la suma de todas ellas forma un conjunto unitario. En cuanto a la arena o grava, tiene que estar rastrillada, ya que representa el océano y la ausencia de pensamientos. Así, esta agua corriente simboliza el fluir de la vida.

Por todo ello, lo más aconsejable antes de ponerse manos a la obra, es esbozar las ideas sobre el papel, asignando a cada elemento un papel determinado con antelación. También es acertado colocar una tela antirraíces en el terreno donde vayamos a colocar el jardín, para evitar que crezcan hierbas de forma espontánea. Las plantas que sí deben estar son del tipo oriental también, como el bambú, eso sí, plantado dentro de una maceta porque tiene carácter parásito y puede afectar a otros vegetales cercanos. Entre estos últimos, podemos aconsejar también la plantación de helechos y alguna flor como la magnolia, que florecen durante todo el año y son resistentes a los cambios de temperatura.

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