Slow food: tiempo, placer y responsabilidad

La moral Slow Food consiste en algo tan simple como no apurar los procesos. De ninguna clase. Cada vez son más los que necesitan de una pausa, los que desean tomar el gusto de los instantes de ocio; los que no quieren trabajar corriendo ni menos correr para trabajar.

Este movimiento nace y se agrupa entorno la red Slow food, fundada por Carlo Petrini en 1986 y convertida el 1989 en asociación internacional. Está formada por más de 85.000 asociados, representados en sedes locales, que se ocupan de difundir y practicar esta filosofía de vida.

El caracol, es el símbolo que representa este movimiento; opuesto a la estandarización del gusto y basado en una nueva filosofía donde alimentación no equivale a necesidad; sino a placer, respeto y bien cultural que preservar y disfrutar con el debido tiempo y siguiendo los ritmos naturales.
Se opone totalmente a la cultura del fast food y apuesta por la educación del gusto como defensa contra la macdonalizacion de nuestras comidas y nuestras vidas.

Slow Food supone dar la debida importancia al placer vinculado al alimento, aprendiendo a disfrutar de la diversidad de las recetas y de los sabores, a reconocer la variedad de los lugares de producción, a respetar el ritmo de las estaciones y del convite, a conjugar placer y responsabilidad.
La filosofía del movimiento, basada en la defensa del placer gastronómico y en la búsqueda de ritmos vitales más lentos y meditados, parte de consideraciones sobre el valor de la alimentación para reflexionar sobre la calidad de la vida y llegar al reconocimiento de las identidades: valorar un alimento, supone valorar la historia, la cultura y el ambiente en el que se originó. Por eso Slow Food se compromete en la salvaguardia de los alimentos, de las materias primas, de las técnicas de cultivo y de transformación heredadas por los usos locales; en la defensa de la biodiversidad y en la protección de locales gastronómicos y de convivencia. Éste es el motivo de que Slow Food haya sido definido como un movimiento eco-gastrónomico. Un movimiento que, cada vez cuenta con más adeptos, que creen en la necesidad de pausas para disfrutar y respetar la gastronomía, y, en consecuencia, todo lo que la envuelve.

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